8 de septiembre de 2015

Martes 8 de septiembre de 2015, Día de Asturias, Palacio de Rubianes.

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Un Palacio, que esconde el hotel más bonito del mundo, en un valle espectacular, en el mejor día del verano en el Paraíso.
Ilusión, ganas de disfrutar y gente (mi gente) poniéndose sus mejores galas.
Flores a tutiplén, unas letras de cartón hechas con cariño, un bastidor bordado a mano por la abuela de la novia; un concejal descamisado, perdiendo los papeles y con resaca.
Un vestido sencillo para mi boda rural sin complicaciones. Un tocado de flores de porcelana y el ramo más bonito del mundo.
Algo nuevo, algo viejo, algo prestado, algo azul.
Un novio de anuncio, una madrina impecable que vale oro, un padrino guapo con ganas que es un orgullo; una madre de la novia preciosa y emocionada, un suegro de lujo que dijo lo que tenía que decir, una cuñada guapísima y generosa; una abuela más joven que cualquiera, un cuñado elegante y muy querido, unos padrinos que no buscaron excusas.
Una hermana preciosa que vale más que todos los palacios del mundo y que nos regaló las palabras, las imágenes, la música, los recuerdos. Mi otra mitad. A la que lamentablemente retiraré el saludo por ir más guapa que la novia.
Una Cachorrina que es el amor de la vida de los presentes y que recorre el palacio en pañales, y lanza cojines, y se esconde tras los visillos, y ríe, y patalea, y nos lanza sus bailarinas con lacito a la cara.
Un fotógrafo que es testigo de la emoción de los padres, los nervios de la novia, la lucha de la Cachorrina, la alergia del novio a las fotos, las miradas, los abrazos, los brindis, las alianzas, los preparativos, los besos, un paseo con el Cangués y la Cachorrina remungando, cada uno por lo suyo.
Una maquilladora y una peluquera muy madrugadoras, profesionales y encantadoras. Un gustazo.
Unos trabajadores del Palacio cuidando de cada detalle para que todo saliera bien y que trataron nuestra boda pequeña con el mismo saber hacer que la boda más grande del mundo. No hay palabras.
Una Cachorrina que, por fin, estaba preciosa con su vestido de plumetti y encaje, con su cinturón y su minitocado de flores secas.
Botellas de sidra, jamón del bueno, banderas de Asturias y el sonido de la gaita, el acordeón y el tambor de quienes no quisieron que nos faltara la banda sonora perfecta. Grandes.
Unos sobres con sentimientos de corazón, regalos que no podían hacer justicia a quienes los recibieron; solomillo y hortensias rosas en la mesa presidencial, que era la de todos.
Un ordenador con música, un DJ que éramos todos; Sólo te pido, sólo te pido que me hagas la vida agradable y que Todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel.
Un vals con el mejor padre del mundo, unos segundos para recordar lo que hubiera dado por bailar aunque fuera unos compases con mi abuelo, un pasodoble (y los que nos quedan) con el hombre de mi vida, los mejores bailes con mi cachorrina como “pinsesassshhh”.
Unas concuñadas con una idea, muchos cómplices, un “quietos ahí, no os mováis”. “Bieeenveeenidos”… “Daros la vuelta”. Y ahí, sin mas: el mejor regalo del mundo. La familia que se escoge. Porque hay amigos y AMIGOS, y los que allí estaban para sorprendernos y emocionarnos no tienen precio y nos tendrán toda la vida (los que estaban de cuerpo presente y los que estaban de corazón porque no hubo otra manera, lo sabemos).
Dos vídeos para la posteridad: uno de momentos felices, que nos sacaron sonrisas y lágrimas; y otro de dos amigos que deseaban “encacharrarse” con el novio y, como no pudo ser, se encacharraron solos. Deliciosamente desastroso. Sorprendentemente… perfecto.
Familiares que decidieron acompañarnos aunque fuera un ratito y que lo dieron todo en la pista de baile. Que nunca nos fallan.
Una mesa gigante para la cena, barra libre, la madre de la novia pidiéndose un gin tonic (lo never seen before), ojos cerrados para pedir un deseo, unas lámparas rojas que iluminaron el valle del Sueve. Miedo real a que nos detuviera el SEPRONA.
Un final de fiesta de prao… abrazados, cantando con el corazón en la garganta… Asturias si yo pudiera, si yo supiera cantarte…
Ni en mis mejores sueños.
GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.
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